Kirmen Uribe mostró las entrañas más profundas de “Bilbao –Nueva York-Bilbao”, Premio Nacional de Narrativa, en el Hotel Regente, de Oviedo, en un acto organizado por Ágora 21. Contó anécdotas y habló de cómo de los momentos «más luminosos» podemos pasar a los más terribles, y al revés, y de cómo eso «nos va dando forma».
-¿Cuánta importancia tiene la forma para usted como autor?
-Es fundamental, la novela es sobre todo forma. Innovar en el tema es secundario, la forma es lo fundamental. Una novela es ingeniería, estructura, estilo. Y luego está la historia; hay muchas novelas no convencionales que son arriesgadas formalmente pero que no llegan al lector. Y esta sí, dijeron los del jurado. Para un autor el género avanza mediante innovaciones en la forma. Así que yo lo que quería contar cuando empecé esta novela, es cómo vive un autor que escribe en euskera en el siglo XXI. Quería hablar de mi familia, porque un escritor no es sólo lo que proyecta, sino que tiene a su familia, su tradición.
-¿Qué hace el protagonista?, porque en realidad al personaje no le ocurre nada.
-Lo que hago es hablar de un vuelo que nace en Bilbao y que llega a Nueva York. En ese vuelo no ocurre absolutamente nada, porque en los vuelos normalmente no ocurre nada, tan sólo turbulencias. Normalmente no hay bombas ni tienes un tórrido encuentro sexual en el lavabo. Quería escribir una novela sin trama porque lo que veo ahora mismo en las series y en el cine es que las tramas se utilizan y se utilizan bien; también en el género negro y el histórico en novela. Pero yo me hacía una pregunta: ¿qué diferencia la literatura de las demás disciplinas? ¿Del cine y de la tele?
-¿Y qué los diferencia?
-Que es capaz de recoger muchísimos más matices. Por eso en ese vuelo no ocurre nada y sin embargo suceden muchas cosas. Lo que está fuera, lo que el autor recuerda, su infancia, la documentación que ha ido recogiendo sobre Ricardo Bastida, fragmentos de la wikipedia, los emails que recibe… El proceso de documentación de una novela es casi detectivesco, una pista te lleva a otra, y es algo que me apasiona. Quería llevar todo eso a la novela. Las dudas del autor, cómo empieza y lo deja, lo que hay antes y detrás. Es como en ‘Las Meninas’ de Velázquez: en el cuadro se cuenta el otro lado.
-Tiene algo de diario de a bordo.
-Sí. Con el aspecto fundamental de la autoficción. En la novela hay pasajes autobiográficos, cosas que me han pasado a mí realmente. Y también una crítica al memorialismo y a la imagen del autor. Sebald decía que ya se aburría con esos autores que se quedaban fuera de la novela y que construían marionetas. Él planteaba que el autor entrara como personaje y yo lo hago, pero ese Kirmen Uribe no soy yo, es otro Kirmen Uribe. En toda autobiografía hay ficción. La de Rousseau está llena de errores, él modificaba su vida para dar una imagen. ¿Cómo recuerda su vida una persona? ¿Qué imagen tenemos de nosotros mismos, cómo nos vemos y cómo nos ven los otros? Aparezco en las páginas, pero no todo lo que cuento es verdad. Puede ser, pero no es una verdad absoluta.
-Es un juego con el lector.
-Ya lo dijo Barthes: reivindicó la muerte del autor del siglo XIX y principios del XX, el que dominaba la novela desde fuera. Los lectores tenían que centrarse en el propio libro. El autor ha vuelto en el XXI, pero es un autor que miente, una imagen irónica de sí mismo. Y eso me interesaba mucho: decir mentiras sobre mi vida, reírme de mí mismo y alcanzar un nuevo pacto. El lector entra en ese juego y sabe que no todo lo que escribimos es real. Le da igual, lo importante es la historia.
-¿Y eso es para todos los públicos?
-Todo esto es teoría, claro. Hay lectores que no se plantean si esto forma parte del movimiento literario llamado alterficción o si es una novela moderna o lo que sea.
-A veces da la impresión de que algunos autores se empeñan en romper moldes sin nada de contenido.
-Tiene que tener una parte experimental y una que interese al lector medio, no te puedes quedar en un mero ejercicio de estilo. El arte que a mí me interesa es ese. Uno cuando ve el ‘Guernica’ piensa en Gernika y en los desastres de la guerra y no en la teoría del cubismo. A mí me interesa que la obra de arte sea innovadora y que llegue.
-Esa literatura fragmentaria, ¿convence al que suele leer novela convencional?
-Ya han cambiado las formas de leer. Las nuevas tecnologías han hecho que leamos de manera más fragmentaria. Yo leo siempre fragmentos en internet. La lectura es más diversificada y global. Eso quería plantear, los subcapítulos son como teselas, como pantallas de ordenador que se abren y se cierran. Esa manera nueva de contar de los blogs y de las páginas web es la de cada día y quería probarla en el papel. El libro es fragmentario pero está muy estructurado.
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