“… Me han encargado que hable en nombre de los premiados –vaya responsabilidad– y se me ha ocurrido que puedo representarlos a través de una breve disertación filosófica, a través del virtual interés que pueden tener todos los galardonados y todos los presentes hoy aquí por el tema que voy a desarrollar. Y el tema –absolutamente vulgar–, y ya que estamos de sobremesa, es la mesa.
Trato de hacerme una pregunta, que creo todos nos hemos hecho alguna vez: ¿Qué es una mesa?
La mesa es un objeto cultural, visto así, que no tendrá no más de 10.000 años. Y hace 10.000 años, y lo digo así a bulto –porque no creo que nadie las haya contado–, no creo que hubiese más de 100 mesas en la tierra. Hoy hay por millones de mesas. Bien, pues resulta que nadie sabe lo que es una mesa. Se podría aplicar aquella frase de San Agustín sobre el tiempo. ‘Si nadie me pregunta qué es el tiempo, lo sé; pero si alguien me lo pregunta, no lo sé’.
Yo he hecho muchas encuentas sobre este asunto, y me he quedado asombrado de que nadie me sepa definir a la mesa. Y si miramos el diccionario de la Academia, u otros diccionarios, pues encontramos definiciones de este tenor: ‘La mesa es un mueble que consta de un tablero horizontal y cuatro patas’…. ¡Y esto, los señores Académicos de la Lengua! Últimamente han añadido algo más: ‘Que sirve para comer, para escribir…’ Es una definición totalmente infantil, impresentable. Es algo así como que para definir un cono en geometría digamos: ‘Es una especie de cucurucho que sirve para ponerse en la cabeza, o para hacer una tienda de campaña’.
Soportado por cuatro patas, dicen ¡Es una cosa increíble! Y, ¿por qué no por tres, o una? Y qué me dicen de lo del tablero horizontal… pues puede estar inclinado, como un pupitre. ¿Eso no es una mesa?
Por otro lado, si el tablero baja un poquitín, ¿se convierte en un podio?, ¿deja de ser una mesa? Y si sube hacia arriba, ¿se convierte en una especie de dosel? Es más, cuando estamos dentro de un dosel, aquello no es una mesa, y su defición puede ser exactamente la misma.
E insisto tanto en esto, porque lo que pasa con la mesa pasa con todo lo demás. Se puede decir que el cerebro, –vamos a decir de los europeos y de los españoles–, está hecho polvo. Hablamos sin saber lo que decimos, ni el alcance que tiene. Y nada que si entramos en conceptos como el Estado de Derecho o la Democracia.
En la época del estructuralismo, –ahora que hace uns días ha muerto Lévi-Strauss– hubo definiciones estructuralistas de mesa. En líneas generales tenían este aspecto: ‘La mesa es un sistema de planos, unos horizontales, otros verticales, de piezas que se recombinan, que además tienen subestructuras, que pueden ser de cajones, etc., que se pueden combinar…’, y así, pueden llenar varias páginas sobre la mesa, pero no definen qué es.
Pues bien. Se ha definido la mesa con un método inadecuado y sin tener en cuenta su relación con los hombres: su definición genética. Y es genética, de tal manera que el concepto de esta definición pertenece a la propia estrucuta de la mesa. Es imposible definir a un hombre cualquiera, o a un individuo, a partir de los 50 años. Hay que remontarse hasta el embrión, hasta el germen, y entonces entendemos realmente lo que es. Es más, es imposible pensar que un hombre ha entrado en el ser a los 40 años: tenemos una trayetoria que es imposbile de cortar. Es decir, nuestra génesis pertenece también a la physis, pertenece a nuestra propia estructura.
Y con este preámbulo brevísimo, vamos a entrar en la definición:
Admitimos todos, hay un consenso universal, que los hombres somos primates, que procedemos de los monos. No entro en la cuestión de las causas de este proceder, pero es un hecho admitido totalmente. Y los primates son precisamente los que tienen manos, según la clasificación de Lamarck, que diferenció a los primates entre los mamíferos porque tenían manos: los lemures, los chimpancés, los hombres… es decir, los primates son los animales mamíferos que tienen manos. Pero hay algo más. Y voy a la génesis del asunto. Los primates con manos eran cuadrúpedos, y las cuatro patas de nuestros antepasados iban apoyándose en el suelo, que era un componente esencial de su marcha.
¿Qué ocurre hoy? Pues que por razones en las que ahora no vamos a entrar, fueron poniéndose en posición bipedestada. Y, ¿qué pasó? Pues que las manos les quedaron colgando y se quedaron sin suelo. Entonces, tuvieron que inventar otro suelo. Y por eso ahora decimos, que la mesa es el suelo de las manos.
En las mesas se hacen cosas muy diversas: cocinar, comer, escribir, hacer sacrificios; se pueden tañer, tocar, y así sucesivamente. Y entonces ocurre lo siguiente. Con estas mesas, que podemos calcular están a un metro de distancia del suelo, podemos seguir haciendo aplicaciones, utilizando una idea que usan los geólogos desde que empezaron a estudiar la tierra. Definieron la litoesferra, la hidroesfera; luego se introdujo el concepto de bioesfera, uno de los conceptos más oscuros hoy, porque se la considera como una especie de capa que rodea a la tierra, como si fuera un tapiz, cuando no es así, la bioesfera es un conjunto de dominios que están en lucha permanente, y que constituyen lo que llamamos luego la biocenosis, pero en fin, vamos a respetar -por lo menos ahora–, el concepto de bioesfera.
Hay incluso un colega mío, cuyo nombre no viene ahora al caso, que introdujo el concepto de tecnoesfera, porque dice que ‘todos los aparatos que utilizan los hombres, distanciados ya de los primates, constituyen toda una especie de arsenal técnico, que forma la tecnoesfera’.
Al padre Teilhard, que era un evolucionista radical, se le ocurrió una genial idea. Ya que los hombres se definen como animales racionales, animales pensantes, son capaces de transforar la tierra, entonces somos la noosfera. ¡Y esto se tomó en serio!
Es decir, tenemos la litosfera, la hidrosfera, la bioesfera, la tecnoesfera y la noosfera.
Entonces, para terminar, y esto que voy a decir hay que destuirlo inmediatamente, porque es totalmente inconsistente, si seguimos con esa idea que se inicia con los geólogos, y si tomamos todas las mesas en línea, como una superficie continuada, se crearía todo un plano, una gran superficie que envuelve la tierra, y que llamaríamos la traposfera. Y si tomamos esto en serio, como con la biosfera, la noosfera, etcétera; si lo tomáramos en serio, esa superficie esférica no podría ser mesa, porque no podríamos andar por ella. Pero eso, es una idea inconsistente, es un experimento mental que hay que retirar, y por esa analogía, también deberíamos retirar el de bioesfera, el de noosfera…” Gustavo Bueno, ‘reflexión filosófica sobre la mesa’, en Tertulia L’Alderique. Hotel Regente, noviembre 2009.
noviembre 18, 2009 a las 6:55 pm |
La Tertulia L’Alderique entregó estos días sus diplomas en el Hotel Regente de Oviedo. El profesor Gustavo Bueno, uno de los premiados, fue el encargado de hablar en nombre de todos ellos. Hizo pensar, por supuesto, pero en esta ocasión también puso el toque de humor a la tarde. Su concepto de mesa, que debemos destruir de inmediato, no tiene desperdicio.