Así será (debería ser) Asturias

agosto 30, 2011

La ‘vuelta de las vacaciones’ de Agora21 viene marcada por un nuevo proyecto que definirá cómo será Asturias dentro de 20 años o, más bien, cómo debería de ser a ojos de grandes expertos en diferentes materias. El proyecto Asturias 2030 reunirá a una serie de profesionales que darán su visión, en función de su especialidad, de cómo debería ser Asturias en un futuro; qué líneas estratégicas debería seguir la región; qué es lo que hay que reformar, en qué hay que profundizar, etc., y hacer así un análisis riguroso de cómo debería de ser Asturias dentro de 20 años para ser competitiva, moderna y un lugar con oferta de calidad para trabajar y vivir. Todas las conferencias enmarcadas en ‘Asturias 2030’ se editarán en un libro.

 

 

‘Crónica de una obra anunciada’

mayo 18, 2010

El Gran Hotel Regente fue escenario la semana pasada de la presentación que la pintora Nuria Formentí hizo de su serie artística ‘Crónica de una Obra Anunciada’, inspirada en la novela de Gabriel García Márquez, a quien conoció durante sus años de adolescencia en Colombia. Esta colección estuvo expuesta hasta el pasado mes de marzo en la sede de la ONU (Ginebra), y se compone de 13 pinturas que reflejan escenas del amor y la tragedia.

Durante el acto, organizado por Ágora21 los asistentes escucharon las palabras que el hermano del autor, Jaime García Márquez, dedicó a Nuria con motivo de esta presentación:

“Desde Cartagena me complace ver que la estela de la obra de mi hermano se mantiene viva, hecho que agradezco a esa institución de la insigne ciudad de Oviedo sede de los acreditados Premios Prícipe de Asturias.

He tenido la satisfación de ver y comentar con la pintora Nuria Formentí su Exposición en el Museo de Arte Moderno de Cartagena que bajo el título ‘Crónica de una Obra Anunciada’ presentó en Septiembre de 2009, donde sus cuadros se representan escenas de la obra literaria ‘Crónica de una Muerte Anunciada’. Allí en el museo nos recreamos comentando las circunstancias de cada escena en referencia a la película, a la obra literaria y a la realidad con lo que le dábamos más  dimensiones a esta obra, que de no haber sido por Gabo hubiera sido una simple noticia de prensa.

Esta obra tiene para mí  recuerdos especiales, me remonta a una infancia ya lejana  cuando aparezco fugazmente en las páginas del libro de Gabito. Nuria me pone, de manera decorosa y reflexiva frente a la realidad que aun llena la historia de nuestro doloroso país: la violencia.  Los hechos en sí, en un Enero del 51, como los recuerdo, no trascienden más  allá de la imagen de un hombre tendido y ensangrentado y un médico que dice, retirando el fonendoscopio del cadáver: “ya está muerto”.  Y también la experiencia de la imagen del dolor ajeno.  Eso resume esa pequeña realidad de un pueblo del caribe, que trasciende a nosotros a través de dos formas exquisitas del arte: la literatura y la pintura. Después de la publicación de la novela hubo protagonismos de algunos actores y disentimientos sobre las pequeñas particularidades que construyeron  esa escena dramática.

Mi mamá Luisa Santiaga, con pudor de madre, le recordó a Gabo que la novela iba levantar las costras amargas de aquel día y sus circunstancias  y que el dolor de los protagonistas estaba primero. Pero pudo más el oficio periodístico de Gabo. Si hay algo explícito en la obra de mi hermano es la clarividencia, que se asoma también en la obra de Nuria en el cuadro de la espera de los hombres que departen. En ellos hay decisión y afuera, bajo esa luz de azul y plata, está la muerte. Es la violencia latente: los hermanos al amanecer, sentados, oteando la muerte, es revelador,  la tensión de los cuerpos, la atmosfera, la expectación y de alguna forma la impiedad son evidentes. La tragedia ya está cerca, resume el espíritu de esa historia: la amalgama de vicisitudes y desaciertos que generan en el hombre los vericuetos del amor -correspondido o no-, el honor y la traición.  Es tan revelador, para mí,  como el Guernica y el cuadro La violencia, de nuestro querido colombo- español Alejandro Obregón. Esta es una forma decente y esplendorosa de representar y reflexionar nuestras más deleznables conductas. La obra de Nuria, acaballada sobre otra obra magnífica, nos remite hasta ese instante fatal, y nos presenta la violencia y el dolor que ella produce como un tema de reflexión.

Es la actitud del arte ante la vida.

Desde aquí envío un abrazo a Nuria y a su papá César en mi nombre y de todos sus amigos. Y a Natalia Amor, por supuesto.

Gracias a Agora XXI, en nombre de Gabriel, en el mío y les deseo muchos éxitos y felicidad”

Jaime García Márquez

El futuro digital de los libros

abril 12, 2010

El Gran Hotel Regente acogió la semana pasada un debate sobre el E-book y las ediciones digitales, organizada por el foro Ágora 21 y la Asociación de Escritores de Asturias. Durante la misma, varios expertos analizaron la situación actual respecto a los derechos de autor, cuál es el papel de las editoriales en un futuro cada vez más inminente y también trataron de resolver las dudas que todavía surgen en torno a este tema. En el coloquio participaron el presidente de la Asociación de Escritores, Carmelo Fernández, la presidenta de la Asociación de Editores, Marta Magadán, el presidente de la Asociación de Libreros de Oviedo, Luis Martín, y el director técnico del Centro Español de Derechos Reprográficos (CEDRO), Victoriano Colodrón. El coloquio estuvo moderado por el escritor Javier Lasheras, quien recordó que la charla formaba parte de los actos preparados para celebrar el décimo aniversario de la Asociación de Escritores de Asturias.

 

El primero en intervenir fue el presidente de la Asociación de Escritores, Carmelo Fernández, que indicó que el futuro digital del libro “es una realidad compleja llena aún de incertidumbres”, aunque aseguró que la posición de los escritores debe pasar por “defender los derechos de autor y conseguir un clima de confianza y claridad entre todas las personas que intervengan en el proceso de creación”, desde las primeras líneas hasta que llega al público. A su juicio, los contratos de edición actuales “son insuficientes, porque no contemplan los derechos digitales” y el futuro pasa por “conseguir un nuevo modelo de edición” que explique qué derechos cede el autor, cuáles serán los modelos de explotación de esos derechos, en qué territorio tendrá vigor esa cesión y por cuánto tiempo estarían vigentes. A este respecto, comentó que los contratos actuales le parecen “una eternidad” y el futuro pasa por renovarlos cada tres años. Según el presidente de los escritores asturianos, los autores deben defender sus derechos de revocación, así como los de remuneración, algo que, según comentó la presidenta de la Asociación de Editores, Marta Magadán, siempre se contempla. Para Carmelo Fernández, el futuro digital de los libros supondrá una serie de cambios para los que todavía no se ha encontrado una solución.

 

Luis Martín, presidente de la Asociación de Libreros de Oviedo, optó por plantear las dudas que tiene como “ciudadano de pie” no sin antes asegurar que “será el E-book el que tenga que convivir con el libro de papel”, un formato que no se agotará nunca, y declararse defensor “a ultranza” de éste desde su posición de librero. Para Martín, una de las grandes ventajas del futuro digital es el precio fijo, algo que el gremio siempre ha defendido. Sin embargo, sus dudas, como expuso durante el coloquio, se centran en la piratería y el futuro del copyright, así como los límites que impondrán las grandes plataformas editoriales en el mercado. Uno de los grandes retos, según Martín, será el de “desterrar la idea del gratis total” por cada descarga y saber si las novedades en papel estarán disponibles en formato digital al mismo tiempo. Al igual que Carmelo Fernández, comentó que se hacen necesarios nuevos contratos entre los autores y las editoriales, pero también añadió el concepto de exclusividad, al indicar si serán cláusulas generalizadas o cada escritor podrá decidir a quién vende sus derechos.

 

La presidenta de la Asociación de Editores, Marta Magadán, aseguró que, en este caso, los cambios que enfrenta el sector suponen nuevas oportunidades. Magadán también mencionó el precio único como una de las grandes ventajas para la comercialización de los E-book y aseguró que ya se hace necesario aclarar todos los puntos relativos a los derechos del autor y del traductor, adaptando los contratos a los nuevos modelos de negocio. Para ella, el futuro digital supone un cambio en la estructura económica de la industria editorial, algo para lo que los editores asturianos están preparados. Magadán aseguró que, “por el momento, según los datos que se manejan en Estados Unidos, la demanda no es importante” y la aparición de los E-book se debe más bien a un “boom mediático por parte de las empresas tecnológicas”. Asimismo, comentó que es necesario aclarar a los lectores y consumidores que será “imposible” conseguir libros “a 50 céntimos, por ejemplo”. El director técnico de CEDRO, Victoriano Colodrón, coincidió con la presidenta de los editores al señalar la presión de las industrias tecnológicas para instaurar un nuevo modelo, que permitirá, en un futuro, “incluso leer un libro en un soporte como pueda ser el teléfono móvil”.

 

Para Colodrón, el reto más importante estará en consolidar una oferta competitiva sin que el lector aspire a descargarse un determinado libro de manera ilegal. Para ello, “será importante saber qué modelos de negocio existirán” y, como ejemplo, mencionó alguna de las cláusulas de la gran plataforma digital que en España formarán Planeta, Mondadori y Santillana, que sólo permitirá que un libro se ‘ceda’ a seis personas una vez comprado. Para combatir la piratería, la única solución es “hacer una oferta legal atractiva, que contemple más opciones de ocio”, indicó Colodrón, que sin embargo, comentó que quizá no sea suficiente porque “la gente prefiere lo que es gratis, y se necesitarán entonces medidas disuasorias para que no suponga un problema”. Para Colodrón es imprescindible concretar qué derechos cederán los escritores en el ámbito del libro electrónico y cómo será la venta en línea de las librerías que, sin duda, “sufrirán pérdidas”.

 Durante el turno de debate, los intervinientes aseguraron que, aunque habrá cambios para todos, parece, a priori, imposible pensar que las figuras de los editores y los libreros desaparecerán con la llegada de la nueva tecnología. Los primeros, por funcionar como selectores de material, según indicó Marta Magadán, y los segundos, a juicio de Luis Martín, porque resultarán también fundamentales al ser la parte de la cadena más cercana al lector. 

“Las nuevas tecnologías nos obligan a leer de forma fragmentaria”

marzo 24, 2010

Kirmen Uribe mostró las entrañas más profundas de “Bilbao –Nueva York-Bilbao”, Premio Nacional de Narrativa, en  el Hotel Regente, de Oviedo, en un acto organizado por Ágora 21. Contó anécdotas y habló de cómo de los momentos «más luminosos» podemos pasar a los más terribles, y al revés, y de cómo eso «nos va dando forma».

-¿Cuánta importancia tiene la forma para usted como autor?

-Es fundamental, la novela es sobre todo forma. Innovar en el tema es secundario, la forma es lo fundamental. Una novela es ingeniería, estructura, estilo. Y luego está la historia; hay muchas novelas no convencionales que son arriesgadas formalmente pero que no llegan al lector. Y esta sí, dijeron los del jurado. Para un autor el género avanza mediante innovaciones en la forma. Así que yo lo que quería contar cuando empecé esta novela, es cómo vive un autor que escribe en euskera en el siglo XXI. Quería hablar de mi familia, porque un escritor no es sólo lo que proyecta, sino que tiene a su familia, su tradición.

-¿Qué hace el protagonista?, porque en realidad al personaje no le ocurre nada.

-Lo que hago es hablar de un vuelo que nace en Bilbao y que llega a Nueva York. En ese vuelo no ocurre absolutamente nada, porque en los vuelos normalmente no ocurre nada, tan sólo turbulencias. Normalmente no hay bombas ni tienes un tórrido encuentro sexual en el lavabo. Quería escribir una novela sin trama porque lo que veo ahora mismo en las series y en el cine es que las tramas se utilizan y se utilizan bien; también en el género negro y el histórico en novela. Pero yo me hacía una pregunta: ¿qué diferencia la literatura de las demás disciplinas? ¿Del cine y de la tele?

-¿Y qué los diferencia?

-Que es capaz de recoger muchísimos más matices. Por eso en ese vuelo no ocurre nada y sin embargo suceden muchas cosas. Lo que está fuera, lo que el autor recuerda, su infancia, la documentación que ha ido recogiendo sobre Ricardo Bastida, fragmentos de la wikipedia, los emails que recibe… El proceso de documentación de una novela es casi detectivesco, una pista te lleva a otra, y es algo que me apasiona. Quería llevar todo eso a la novela. Las dudas del autor, cómo empieza y lo deja, lo que hay antes y detrás. Es como en ‘Las Meninas’ de Velázquez: en el cuadro se cuenta el otro lado.

-Tiene algo de diario de a bordo.

-Sí. Con el aspecto fundamental de la autoficción. En la novela hay pasajes autobiográficos, cosas que me han pasado a mí realmente. Y también una crítica al memorialismo y a la imagen del autor. Sebald decía que ya se aburría con esos autores que se quedaban fuera de la novela y que construían marionetas. Él planteaba que el autor entrara como personaje y yo lo hago, pero ese Kirmen Uribe no soy yo, es otro Kirmen Uribe. En toda autobiografía hay ficción. La de Rousseau está llena de errores, él modificaba su vida para dar una imagen. ¿Cómo recuerda su vida una persona? ¿Qué imagen tenemos de nosotros mismos, cómo nos vemos y cómo nos ven los otros? Aparezco en las páginas, pero no todo lo que cuento es verdad. Puede ser, pero no es una verdad absoluta.

-Es un juego con el lector.

-Ya lo dijo Barthes: reivindicó la muerte del autor del siglo XIX y principios del XX, el que dominaba la novela desde fuera. Los lectores tenían que centrarse en el propio libro. El autor ha vuelto en el XXI, pero es un autor que miente, una imagen irónica de sí mismo. Y eso me interesaba mucho: decir mentiras sobre mi vida, reírme de mí mismo y alcanzar un nuevo pacto. El lector entra en ese juego y sabe que no todo lo que escribimos es real. Le da igual, lo importante es la historia.

-¿Y eso es para todos los públicos?

-Todo esto es teoría, claro. Hay lectores que no se plantean si esto forma parte del movimiento literario llamado alterficción o si es una novela moderna o lo que sea.

-A veces da la impresión de que algunos autores se empeñan en romper moldes sin nada de contenido.

-Tiene que tener una parte experimental y una que interese al lector medio, no te puedes quedar en un mero ejercicio de estilo. El arte que a mí me interesa es ese. Uno cuando ve el ‘Guernica’ piensa en Gernika y en los desastres de la guerra y no en la teoría del cubismo. A mí me interesa que la obra de arte sea innovadora y que llegue.

-Esa literatura fragmentaria, ¿convence al que suele leer novela convencional?

-Ya han cambiado las formas de leer. Las nuevas tecnologías han hecho que leamos de manera más fragmentaria. Yo leo siempre fragmentos en internet. La lectura es más diversificada y global. Eso quería plantear, los subcapítulos son como teselas, como pantallas de ordenador que se abren y se cierran. Esa manera nueva de contar de los blogs y de las páginas web es la de cada día y quería probarla en el papel. El libro es fragmentario pero está muy estructurado.

¡Mueran los ‘heditores’!

febrero 8, 2010

LUISGÉ MARTÍN

Aristóteles distinguió hace ya muchos siglos entre la democracia, que es el gobierno del pueblo, y la oclocracia, que es el gobierno de la plebe o, si se prefiere, de la muchedumbre. En la primera, elegimos a los que creemos mejores y delegamos en ellos -bajo vigilancia crítica- para que nos dirijan. En la oclocracia, en cambio, no elegimos a nadie ni delegamos nada: todos opinamos de todo, todos hacemos todo y todos somos sabios en cualquier materia y profesión.

En estos días se repite hasta la saciedad que Internet democratiza la cultura, pero yo creo que lo que va a hacer, si nadie lo remedia, es oclocratizarla, y eso, lejos de parecerme una virtud o un beneficio social, me parece una amenaza apocalíptica.

En el artículo de Javier Calvo Por un libro universal (EL PAÍS, 24 de diciembre de 2009) se repetían algunas de esas ideas recurrentes en las que se predica, con voz epifánica, el advenimiento de una cultura liberada por fin de las cadenas de los editores. ¿Pero esas cadenas tan esclavizadoras son reales?

A las oficinas de una editorial media llegan al cabo del año casi 1.000 manuscritos. En España deben de circular durante ese tiempo más de 5.000 originales diferentes. La inmensa mayoría de ellos son impublicables, como sabe bien cualquiera que los haya ojeado, y lo primero que hace el editor (gastando dinero para ello) es separar el grano de la paja. Luego, de entre todos los granos elige aquellos que tienen más afinidad con su línea editorial: literatura de autor, best sellers, creación experimental… Mi biblioteca, como la de cualquier lector curtido, está llena de libros de las editoriales que publican el tipo de literatura que me interesa. Es decir, me he aprovechado de la labor y del saber hacer de sellos como Anagrama, Seix Barral, Alfaguara o Tusquets, y lo he hecho porque confiaba en el criterio profesional de sus editores.

Pero los editores, además, editan los libros, si se me permite decirlo de un modo tan tautológico. Es decir, les aportan valor añadido: hacen sugerencias, corrigen deslices o erratas, proponen cambios, pulen el estilo… Los autores estamos absolutamente ensimismados en lo que hemos escrito y aquellos amigos a los que pedimos opinión no son capaces siempre, aunque lo intenten, de examinarnos con distancia, de modo que los editores son los únicos que pueden enfrentarse a la obra con competencia y desapego a la vez.

Lo que se nos propone ahora es la desaparición del editor. La extensión del modelo de edición tradicional al e-book, se nos dice, es “perjudicial para el autor y el lector”. ¿Es beneficioso, entonces, que en vez de 150 novedades anuales clasificadas por sellos editoriales definidos haya en la Red 5.000 textos sin depurar? ¿Es beneficioso que José Saramago y mi prima Paqui (que es casi analfabeta pero se divierte contando historias) estén en pie de igualdad? ¿Es beneficioso que los textos tengan faltas de ortografía, incoherencias narrativas y redundancias? Y aún peor: ¿es beneficioso que desaparezcan esos libros de no ficción que impulsan las propias editoriales, encargándoselos a autores? ¿Quién se ocupará de traducir una novela a otro idioma, de adelantar el dinero que supone ese trabajo?

En la mayoría de los comentarios que predican el nuevo Edén digital se huele el incienso de la España católica: ganar dinero es malo, es pecado; el editor, avaro, insaciable, no lee novelas, sino cuentas de resultados.

Yo, en cambio, he conocido a muchos editores preocupados sólo por llegar a final de año, por mantener puestos de trabajo y por poder editar libros arriesgados aunque su rentabilidad fuera dudosa. Claro que se han hecho algunas fortunas con la edición: ¿y qué? Pero lo peor es que los mismos que abominan del editor mercader nos aseguran sin empacho que una de las soluciones para que el autor tenga ingresos es introducir publicidad en el propio libro. “Cuando una mañana Gregorio Samsa se despertó de unos sueños agitados, se encontró en su cama de Ikea convertido en un monstruoso bicho”. ¿Es de eso de lo que hablamos? ¿O de que al cambiar de capítulo en Ana Karenina salte en la pantalla del e-book un banner con un anuncio de agencias matrimoniales? No sé si es que me he hecho demasiado viejo para entender los códigos morales de la post-postmodernidad -o lo que sea esto-, pero reconozco que me escandaliza ver el desparpajo con que se mezcla la ética de Fidel Castro con la de Esperanza Aguirre. Por un lado se sataniza al editor empresario y por otro se recomienda poner un anuncio de Coca-Cola en mitad de una novela para defender así la independencia autoral y la libertad del lector. Antes había “visiones del mundo”; ahora, al parecer, sólo hay ángulos ciegos.

El otro asunto que me desconcierta es el del papel que se le asigna al autor en el nuevo mundo e-editorial. Dado que el editor debe desaparecer, se propone que el autor se comporte como un empresario de sí mismo y asuma el desarrollo informático y administrativo, la gestión comercial y la promoción de sus libros.

Es decir, que además de escribir bien, a partir de ahora para ser autor habrá que tener ánimo empresarial, adquirir conocimientos de márketing, elaborar banners y páginas web, dedicar tiempo a infectar viralmente la Red con nuestros productos, preparar performances y poseer algo de dinero para la inversión informática y los viajes promocionales. Los autores, por tanto, no sólo no cobraríamos, poco o mucho, sino que pagaríamos para escribir. Todo ello con la esperanza vaga de que se produjera un retorno de la inversión que nos permitiese al menos comer. Ese retorno no vendría del pago -barato o caro- de los lectores, que se considera impertinente, sino de algún tipo de publicidad como los ya mencionados.

¿Puede alguien imaginar a Kafka, a Dostoievsky o a Scott Fitzgerald en estas lides? Los autores, sin llegar al tópico romántico, suelen ser seres inadaptados, neuróticos y con una cierta incapacidad para las cosas terrenales. Hubo incluso que inventar la figura del agente literario para que se ocupara de sus asuntos. Y ahora pretendemos que compongan la melodía, dirijan la orquesta y toquen todos los instrumentos. A lo peor alguien como Saramago decidía abandonar la literatura, abrumado por esos deberes mundanos (no olvidemos que hay autores que no soportan ni las giras promocionales), pero mi prima Paqui, en cambio, saldría literariamente reforzada, pues es formidable en las relaciones públicas y en la promoción personal.

Saramago y mi prima Paqui pueden convivir en la Red, por supuesto, pero está en juego el tipo de literatura triunfante, el estilo de libro que queremos para el futuro. Con el e-book desaparecerá aproximadamente un 75% del coste actual del libro -papel e impresión, distribución, venta minorista y gastos de financiación de los invendidos-, de modo que el precio podría abaratarse enormemente sin empeorar la calidad y sin poner a la literatura en manos de Repsol o de Nokia. La distribución, por otra parte, sería universal y perpetua: un libro estaría disponible en Lima y en Tokio, hoy y dentro de 20 años, posibilitando así la difusión ilimitada de los autores, simplificando al máximo la logística de las editoriales y permitiendo a cualquier lector tener acceso a títulos hoy inencontrables. Y técnicas de comunicación digital como la de regalar el primer capítulo de una novela, ahora todavía en pañales, podrían suponer una nueva revolución en los costes de publicidad y una indiscutible garantía para el lector indeciso. ¿Nos parece poco paraíso?

No nos engañemos: lo que peligra con un sistema en el que no haya editores ni haya venta no son los beneficios de los accionistas ni los privilegios de unos pocos, sino la dignidad del libro y de la cultura que transmite. Oclocracia o democracia, that is the question.

 Luisgé Martín es escritor; su última novela es Las manos cortadas (Alfaguara), que presentará en Ágora21, HOTEL REGENTE DE OVIEDO, el próximo 26 de febrero.

El diagnóstico de José Manuel Campa

febrero 8, 2010

 

El asturiano José Manuel Campa, secretario de Estado de Economía, ofreció en la noche del viernes en Oviedo un retrato de la situación económica coherente y realista, y también contrapuesto a la extendida percepción de que nos encontramos en una situación crítica en la que España se juega, además de su propio futuro, su crédito internacional. 
Ante los miembros de la tertulia L’Alderique, Campa desgranó su visión de la situación por la que atraviesan las economías española y mundial. Se trata de «la peor crisis que hemos conocido todos los que aquí estamos», señaló ante un auditorio de una treintena de personas, aun a sabiendas de que varias de ellas, superada la edad de jubilación legal, han vivido en algún momento de su existencia otras situaciones de enorme dureza. «Es la crisis de nuestra generación», subrayó el secretario de Estado de 45 años, quien resaltó que el 80% del PIB mundial ha sufrido los efectos de la misma el pasado año, aunque considera también que, «de forma aún muy liviana, pero lo peor ha pasado». 
La crisis en España 
«La crisis internacional es distinta a la nuestra», añadió, algo de lo que parece no haber muchas dudas. Y lo argumenta en que mientras en otros países la crisis proviene del sector financiero antes de trasladarse a la llamada ‘economía real’, en el caso de España el problema es «esencialmente ‘real’, no financiero». Por lo tanto, «el ajuste español ha de ser distinto, no es que lo estemos haciendo peor». 
Ajuste que cifró para nuestro país en entre el 4% y el 5% del PIB, entendido como el porcentaje de actividad que tendrá que adaptarse a la nueva situación. En lo que respecta a la construcción, el principal sector afectado, las 750.000 viviendas que se construían en 2007 acabarán quedando a medio plazo en unas 350.000, una vez superado el bache actual, en el que apenas 110.000 están saliendo al mercado cada año. 
Frente a la visión pesimista, que resalta la escasa flexibilidad y competitividad de nuestra economía, propone Campa una visión más positiva, con el argumento de que España se encuentra en la época en la que disfruta de «mayor riqueza y preparación de su historia»: a estas fortalezas se unen los hechos de que nuestros bienes siguen siendo competitivos para la exportación -dado que la subida de precios afecta fundamentalmente a los servicios-, ámbito en el que en relación con el resto de países de nuestro entorno hemos ganado competitividad y cuota de mercado desde la implantación de la zona euro. Además, contamos con empresas líderes, muy competitivas internacionalmente, en los sectores que en estos momentos son clave: infraestructuras, energías renovables y finanzas. 
El ajuste pendiente 
Claro que tenemos pendiente un «costoso ajuste», puntualizó José Manuel Campa. «El paro y el déficit» son nuestras principales rémoras. El mercado laboral, en un análisis que el secretario de Estado ha mantenido repetidamente, sufre una dualidad que lo divide en un 60% de los trabajadores, con «mucha estabilidad y que disfrutan de todos los beneficios, y un 40% sometido al paro o a la temporalidad». Esta relevante minoría es el «colchón de flexibilidad», frente a la parte más asentada, que en muchas ocasiones se trata de un «corsé para las empresas». Un sistema, en resumen, «injusto e ineficiente, en el que el 40% aspira a las condiciones del otro 60%», y en el que, en caso de necesidad, las empresas prescinden, no de los menos productivos, sino de los que menos cuesta echar: el ajuste se hace, por lo general, en el segmento de los temporales. 
En cuanto al déficit público, de «la aparente disciplina presupuestaria vivida hasta 2007 hemos pasado al 11,4%» actual, una balanza negativa provocada porque «los superávits provenían de una situación en la que la elasticidad de los impuestos respecto al patrón de crecimiento era muy alta». Los diez puntos del PIB que representaba el sector inmobiliario definían unos ingresos fiscales de los que «una buena parte no va a volver: el 25% que ha caído la recaudación en los dos últimos años» deberá compensarse por la vía de la contención del gasto: 8.000 millones de euros en los presupuestos de este mismo año, sólo una porción de los 50.000 previstos, que representan la cuantía del ajuste necesario, el 5% del PIB anteriormente citado. De ellos, parte estará en las manos del Gobierno central, quien apenas gestiona ya la mitad del total de los presupuestos públicos, y la otra parte en el resto de las administraciones. 
Generar confianza 
¿Cuáles serán los siguientes pasos? El secretario de Estado no duda: «Generar confianza. Disponemos del mejor marco institucional, además de, en este momento, los tipos de interés más bajos». Las reformas pendientes pasan por «eliminar las trabas administrativas» para facilitar la actividad, e impulsar la educación. La situación de paro puede, en determinadas ocasiones, convertirse en una oportunidad de completar la formación que facilite «fomentar la transición entre sectores». Todo ello, señaló con realismo, «no será fácil: la creación de empleo no llegará hasta el año 2011, cuando la actividad sea más sostenida» y los ajustes se hayan completado. 
Campa, quien defendió el ‘plan E’ -medida «keynesiana en estado puro»- para evitar el desplome de la actividad en una de las actividades más golpeadas, señaló el relevo de la mano de sectores como el comercial, del que puso como ejemplo el agrolimentario, así como los relacionados con «la población que quiere venir a vivir a España» por múltiples motivos y, en general, con aquellos «productos que aporten un mayor valor añadido». 
Reforma laboral 
En cuanto al mercado laboral, a juicio de Campa cuenta ya con un «documento suficientemente amplio y abierto», el presentado por el presidente del Gobierno el mismo viernes, que constituye un buen «inicio de la reforma». Recordó que este tipo de revisiones tienen más impacto cuanto más amplio sea el acuerdo del que provengan. 
En cualquier caso, el objetivo es «un mercado laboral en el que la gente aspire no a tener un trabajo», sino que lo que se pretenda sea «la empleabilidad, o la capacidad de conseguir un empleo». Sobre el absentismo laboral afirmó que «ya hay un consenso entre Gobierno, empresarios y sindicatos de que algo hay que hacer», y resaltó que en el último año y medio «ha bajado notablemente». 
Retraso de la jubilación 
La situación actual de las cuentas de la Seguridad Social es satisfactoria, pues cuenta con un superávit de 8.000 millones de euros, además de los 75.000 del fondo de reserva. El problema surge con las proyecciones a largo plazo, en las que el origen del sistema actual, de hace casi un siglo, choca con una esperanza de vida 18 años mayor que cuando fue instituido. La reforma es necesaria, y es mejor plantearla en los momentos difíciles. En cualquier caso, Campa resaltó que «nunca ha habido una propuesta del Gobierno de ampliar de 15 a 25 años» el periodo de cómputo de las cotizaciones sino, simplemente, una simulación de cálculo del impacto de la medida. 
Culminó así el retrato de la situación actual trazado en términos divulgativos por el más alto representante asturiano en el Gobierno de España, quien pese a las dificultades y las tareas pendientes no dejó de resaltar una visión argumentadamente optimista, pese a las duras circunstancias de las últimas semanas y frente a las dudas acerca de las posibilidades de nuestra economía en el ámbito interior y en cuanto a su valoración internacional. 
Entre los presentes en la tertulia, bajo la coordinación de César Álvarez, alma máter de L’Alderique, quien mantiene el «clima constructivo y de sereno diálogo» de la misma, estaban el barón de Grado, Martín González del Valle; el presidente de honor de ALSA, José Cosmen Adelaida; el secretario general de Fade, Alberto González; el director de Sadei, Ramiro Lomba; el director general del Banco Herrero, Pablo Junceda, así como Adolfo Barthe Aza, José María Casielles Aguadé, José Luis García Bigoles, Emilio Serrano, Rafael Secades, el padre y dos tíos del secretario de Estado, así como el resto de miembros del grupo, entre los que se encuentran distinguidos profesionales y representantes del mundo de la economía, la cultura y la sociedad asturianas.

El asturiano José Manuel Campa, secretario de Estado de Economía, ofreció en la noche del viernes en Oviedo un retrato de la situación económica coherente y realista, y también contrapuesto a la extendida percepción de que nos encontramos en una situación crítica en la que España se juega, además de su propio futuro, su crédito internacional. Ante los miembros de la tertulia L’Alderique, Campa desgranó su visión de la situación por la que atraviesan las economías española y mundial. Se trata de «la peor crisis que hemos conocido todos los que aquí estamos», señaló ante un auditorio de una treintena de personas, aun a sabiendas de que varias de ellas, superada la edad de jubilación legal, han vivido en algún momento de su existencia otras situaciones de enorme dureza. «Es la crisis de nuestra generación», subrayó el secretario de Estado de 45 años, quien resaltó que el 80% del PIB mundial ha sufrido los efectos de la misma el pasado año, aunque considera también que, «de forma aún muy liviana, pero lo peor ha pasado». La crisis en España «La crisis internacional es distinta a la nuestra», añadió, algo de lo que parece no haber muchas dudas. Y lo argumenta en que mientras en otros países la crisis proviene del sector financiero antes de trasladarse a la llamada ‘economía real’, en el caso de España el problema es «esencialmente ‘real’, no financiero». Por lo tanto, «el ajuste español ha de ser distinto, no es que lo estemos haciendo peor». Ajuste que cifró para nuestro país en entre el 4% y el 5% del PIB, entendido como el porcentaje de actividad que tendrá que adaptarse a la nueva situación. En lo que respecta a la construcción, el principal sector afectado, las 750.000 viviendas que se construían en 2007 acabarán quedando a medio plazo en unas 350.000, una vez superado el bache actual, en el que apenas 110.000 están saliendo al mercado cada año. Frente a la visión pesimista, que resalta la escasa flexibilidad y competitividad de nuestra economía, propone Campa una visión más positiva, con el argumento de que España se encuentra en la época en la que disfruta de «mayor riqueza y preparación de su historia»: a estas fortalezas se unen los hechos de que nuestros bienes siguen siendo competitivos para la exportación -dado que la subida de precios afecta fundamentalmente a los servicios-, ámbito en el que en relación con el resto de países de nuestro entorno hemos ganado competitividad y cuota de mercado desde la implantación de la zona euro. Además, contamos con empresas líderes, muy competitivas internacionalmente, en los sectores que en estos momentos son clave: infraestructuras, energías renovables y finanzas. El ajuste pendiente Claro que tenemos pendiente un «costoso ajuste», puntualizó José Manuel Campa. «El paro y el déficit» son nuestras principales rémoras. El mercado laboral, en un análisis que el secretario de Estado ha mantenido repetidamente, sufre una dualidad que lo divide en un 60% de los trabajadores, con «mucha estabilidad y que disfrutan de todos los beneficios, y un 40% sometido al paro o a la temporalidad». Esta relevante minoría es el «colchón de flexibilidad», frente a la parte más asentada, que en muchas ocasiones se trata de un «corsé para las empresas». Un sistema, en resumen, «injusto e ineficiente, en el que el 40% aspira a las condiciones del otro 60%», y en el que, en caso de necesidad, las empresas prescinden, no de los menos productivos, sino de los que menos cuesta echar: el ajuste se hace, por lo general, en el segmento de los temporales. En cuanto al déficit público, de «la aparente disciplina presupuestaria vivida hasta 2007 hemos pasado al 11,4%» actual, una balanza negativa provocada porque «los superávits provenían de una situación en la que la elasticidad de los impuestos respecto al patrón de crecimiento era muy alta». Los diez puntos del PIB que representaba el sector inmobiliario definían unos ingresos fiscales de los que «una buena parte no va a volver: el 25% que ha caído la recaudación en los dos últimos años» deberá compensarse por la vía de la contención del gasto: 8.000 millones de euros en los presupuestos de este mismo año, sólo una porción de los 50.000 previstos, que representan la cuantía del ajuste necesario, el 5% del PIB anteriormente citado. De ellos, parte estará en las manos del Gobierno central, quien apenas gestiona ya la mitad del total de los presupuestos públicos, y la otra parte en el resto de las administraciones. Generar confianza ¿Cuáles serán los siguientes pasos? El secretario de Estado no duda: «Generar confianza. Disponemos del mejor marco institucional, además de, en este momento, los tipos de interés más bajos». Las reformas pendientes pasan por «eliminar las trabas administrativas» para facilitar la actividad, e impulsar la educación. La situación de paro puede, en determinadas ocasiones, convertirse en una oportunidad de completar la formación que facilite «fomentar la transición entre sectores». Todo ello, señaló con realismo, «no será fácil: la creación de empleo no llegará hasta el año 2011, cuando la actividad sea más sostenida» y los ajustes se hayan completado. Campa, quien defendió el ‘plan E’ -medida «keynesiana en estado puro»- para evitar el desplome de la actividad en una de las actividades más golpeadas, señaló el relevo de la mano de sectores como el comercial, del que puso como ejemplo el agrolimentario, así como los relacionados con «la población que quiere venir a vivir a España» por múltiples motivos y, en general, con aquellos «productos que aporten un mayor valor añadido». Reforma laboral En cuanto al mercado laboral, a juicio de Campa cuenta ya con un «documento suficientemente amplio y abierto», el presentado por el presidente del Gobierno el mismo viernes, que constituye un buen «inicio de la reforma». Recordó que este tipo de revisiones tienen más impacto cuanto más amplio sea el acuerdo del que provengan. En cualquier caso, el objetivo es «un mercado laboral en el que la gente aspire no a tener un trabajo», sino que lo que se pretenda sea «la empleabilidad, o la capacidad de conseguir un empleo». Sobre el absentismo laboral afirmó que «ya hay un consenso entre Gobierno, empresarios y sindicatos de que algo hay que hacer», y resaltó que en el último año y medio «ha bajado notablemente». Retraso de la jubilación La situación actual de las cuentas de la Seguridad Social es satisfactoria, pues cuenta con un superávit de 8.000 millones de euros, además de los 75.000 del fondo de reserva. El problema surge con las proyecciones a largo plazo, en las que el origen del sistema actual, de hace casi un siglo, choca con una esperanza de vida 18 años mayor que cuando fue instituido. La reforma es necesaria, y es mejor plantearla en los momentos difíciles. En cualquier caso, Campa resaltó que «nunca ha habido una propuesta del Gobierno de ampliar de 15 a 25 años» el periodo de cómputo de las cotizaciones sino, simplemente, una simulación de cálculo del impacto de la medida. Culminó así el retrato de la situación actual trazado en términos divulgativos por el más alto representante asturiano en el Gobierno de España, quien pese a las dificultades y las tareas pendientes no dejó de resaltar una visión argumentadamente optimista, pese a las duras circunstancias de las últimas semanas y frente a las dudas acerca de las posibilidades de nuestra economía en el ámbito interior y en cuanto a su valoración internacional. Entre los presentes en la tertulia, bajo la coordinación de César Álvarez, alma máter de L’Alderique, quien mantiene el «clima constructivo y de sereno diálogo» de la misma, estaban el barón de Grado, Martín González del Valle; el presidente de honor de ALSA, José Cosmen Adelaida; el secretario general de Fade, Alberto González; el director de Sadei, Ramiro Lomba; el director general del Banco Herrero, Pablo Junceda, así como Adolfo Barthe Aza, José María Casielles Aguadé, José Luis García Bigoles, Emilio Serrano, Rafael Secades, el padre y dos tíos del secretario de Estado, así como el resto de miembros del grupo, entre los que se encuentran distinguidos profesionales y representantes del mundo de la economía, la cultura y la sociedad asturianas.

Reflexión filosófica sobre una mesa

noviembre 18, 2009

… Me han encargado que hable en nombre de los premiados –vaya responsabilidad– y se me ha ocurrido que puedo representarlos a través de una breve disertación filosófica, a través del virtual interés que pueden tener todos los galardonados y todos los presentes hoy aquí por el tema que voy a desarrollar. Y el tema –absolutamente vulgar–, y ya que estamos de sobremesa, es la mesa.

Trato de hacerme una pregunta, que creo todos nos hemos hecho alguna vez: ¿Qué es una mesa?

La mesa es un objeto cultural, visto así, que no tendrá no más de 10.000 años. Y hace 10.000 años, y lo digo así a bulto –porque no creo que nadie las haya contado–, no creo que hubiese más de 100 mesas en la tierra. Hoy hay por millones de mesas. Bien, pues resulta que nadie sabe lo que es una mesa. Se podría aplicar aquella frase de San Agustín sobre el tiempo. ‘Si nadie me pregunta qué es el tiempo, lo sé; pero si alguien me lo pregunta, no lo sé’.

Yo he hecho muchas encuentas sobre este asunto, y me he quedado asombrado de que nadie me sepa definir a la mesa. Y si miramos el diccionario de la Academia, u otros diccionarios, pues encontramos definiciones de este tenor: ‘La mesa es un mueble que consta de un tablero horizontal y cuatro patas’…. ¡Y esto, los señores Académicos de la Lengua! Últimamente han añadido algo más: ‘Que sirve para comer, para escribir…’ Es una definición totalmente infantil, impresentable. Es algo así como que para definir un cono en geometría digamos: ‘Es una especie de cucurucho que sirve para ponerse en la cabeza, o para hacer una tienda de campaña’.

Soportado por cuatro patas, dicen ¡Es una cosa increíble! Y, ¿por qué no por tres, o una? Y qué me dicen de lo del tablero horizontal… pues puede estar inclinado, como un pupitre. ¿Eso no es una mesa?

Por otro lado, si el tablero baja un poquitín, ¿se convierte en un podio?, ¿deja de ser una mesa? Y si sube hacia arriba, ¿se convierte en una especie de dosel? Es más, cuando estamos dentro de un dosel, aquello no es una mesa, y su defición puede ser exactamente la misma.

E insisto tanto en esto, porque lo que pasa con la mesa pasa con todo lo demás. Se puede decir que el cerebro, –vamos a decir de los europeos y de los españoles–, está hecho polvo. Hablamos sin saber lo que decimos, ni el alcance que tiene. Y nada que si entramos en conceptos como el Estado de Derecho o la Democracia.

En la época del estructuralismo, –ahora que hace uns días ha muerto Lévi-Strauss– hubo definiciones estructuralistas de mesa. En líneas generales tenían este aspecto: ‘La mesa es un sistema de planos, unos horizontales, otros verticales, de piezas que se recombinan, que además tienen subestructuras, que pueden ser de cajones, etc., que se pueden combinar…’, y así, pueden llenar varias páginas sobre la mesa, pero no definen qué es.

Pues bien. Se ha definido la mesa con un método inadecuado y sin tener en cuenta su relación con los hombres: su definición genética. Y es genética, de tal manera que el concepto de esta definición pertenece a la propia estrucuta de la mesa. Es imposible definir a un hombre cualquiera, o a un individuo, a partir de los 50 años. Hay que remontarse hasta el embrión, hasta el germen, y entonces entendemos realmente lo que es. Es más, es imposible pensar que un hombre ha entrado en el ser a los 40 años: tenemos una trayetoria que es imposbile de cortar. Es decir, nuestra génesis pertenece también a la physis, pertenece a nuestra propia estructura.

Y con este preámbulo brevísimo, vamos a entrar en la definición:

Admitimos todos, hay un consenso universal, que los hombres somos primates, que procedemos de los monos. No entro en la cuestión de las causas de este proceder, pero es un hecho admitido totalmente. Y los primates son precisamente los que tienen manos, según la clasificación de Lamarck, que diferenció a los primates entre los mamíferos porque tenían manos: los lemures, los chimpancés, los hombres… es decir, los primates son los animales mamíferos que tienen manos. Pero hay algo más. Y voy a la génesis del asunto. Los primates con manos eran cuadrúpedos, y las cuatro patas de nuestros antepasados iban apoyándose en el suelo, que era un componente esencial de su marcha.

¿Qué ocurre hoy? Pues que por razones en las que ahora no vamos a entrar, fueron poniéndose en posición bipedestada. Y, ¿qué pasó? Pues que las manos les quedaron colgando y se quedaron sin suelo. Entonces, tuvieron que inventar otro suelo. Y por eso ahora decimos, que la mesa es el suelo de las manos.

En las mesas se hacen cosas muy diversas: cocinar, comer, escribir, hacer sacrificios; se pueden tañer, tocar, y así sucesivamente. Y entonces ocurre lo siguiente. Con estas mesas, que podemos calcular están a un metro de distancia del suelo, podemos seguir haciendo aplicaciones, utilizando una idea que usan los geólogos desde que empezaron a estudiar la tierra. Definieron la litoesferra, la hidroesfera; luego se introdujo el concepto de bioesfera, uno de los conceptos más oscuros hoy, porque se la considera como una especie de capa que rodea a la tierra, como si fuera un tapiz, cuando no es así, la bioesfera es un conjunto de dominios que están en lucha permanente, y que constituyen lo que llamamos luego la biocenosis, pero en fin, vamos a respetar -por lo menos ahora–, el concepto de bioesfera.

Hay incluso un colega mío, cuyo nombre no viene ahora al caso, que introdujo el concepto de tecnoesfera, porque dice que ‘todos los aparatos que utilizan los hombres, distanciados ya de los primates, constituyen toda una especie de arsenal técnico, que forma la tecnoesfera’.

Al padre Teilhard, que era un evolucionista radical, se le ocurrió una genial idea. Ya que los hombres se definen como animales racionales, animales pensantes, son capaces de transforar la tierra, entonces somos la noosfera. ¡Y esto se tomó en serio!

Es decir, tenemos la litosfera, la hidrosfera, la bioesfera, la tecnoesfera y la noosfera.

Entonces, para terminar, y esto que voy a decir hay que destuirlo inmediatamente, porque es totalmente inconsistente, si seguimos con esa idea que se inicia con los geólogos, y si tomamos todas las mesas en línea, como una superficie continuada, se crearía todo un plano, una gran superficie que envuelve la tierra, y que llamaríamos la traposfera. Y si tomamos esto en serio, como con la biosfera, la noosfera, etcétera; si lo tomáramos en serio, esa superficie esférica no podría ser mesa, porque no podríamos andar por ella. Pero eso, es una idea inconsistente, es un experimento mental que hay que retirar, y por esa analogía, también deberíamos retirar el de bioesfera, el de noosfera…” Gustavo Bueno, ‘reflexión filosófica sobre la mesa’, en Tertulia L’Alderique. Hotel Regente, noviembre 2009.

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noviembre 18, 2009

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